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EJEMPLO DE DEIXIS EN LA NOVELA

Tras el capítulo Una mujer bella, Lucía Etxebarría incluye la conversación que mantiene Valeria con su entrevistador. En realidad se trata de un monólogo de Valeria (‘yo’), mientras que el segundo miembro del diálogo resta en silencio y recibe la consideración de ‘usted’. El diálogo, aunque queda escrito en un único párrafo simulando la rapidez, la espontaneidad y las incorrecciones de la lengua hablada (usos coloquiales, frases inacabadas, cambios de tema, repeticiones de estructuras como ‘o sea’ y errores sintácticos), puede dividirse en varias partes: en el inicio Valeria habla de su relación con Pumuky; sigue citando a otros personajes y explicando pasajes de su vida; y acaba con una anécdota de Pumuky años atrás en la clínica de intoxicación donde su madre estaba ingresada (hecho que sucede ‘cuando Pumuky era un jovencito’).

Valeria, como el resto de los personajes, habla desde su propia subjetividad, en función de su propia experiencia, partiendo del lugar que ocupa dentro de ese complejo entramado de personajes y relaciones que establece la autora a modo de esquema en la primera página de la novela. Valeria sigue la línea de entrevistas/interrogatorios/monólogos que establece la autora a lo largo de las páginas de Lo verdadero es un momento de lo falso. Cada personaje se define y se defiende, da su propia versión de los hechos, sitúa sus vivencias en ese conjunto de verdades, medias verdades, mentiras y suposiciones que, como la vida misma, plagan la(s) historia(s) de Etxebarría.

Un narrador tan fragmentado, una trama con unos rasgos tan particulares, un ejercicio de short cuts que bebe tanto de las técnicas cinematográficas imperantes en los 90 como de referencias musicales y televisivas, se resuelve a nivel pragmático en un complejo entramado de deícticos. No sabemos cuándo enuncia Valeria su discurso, pero sí se intuye que el Tiempo de Codificación y el de Recepción son idénticos: el lector imagina a Valeria sentada, mirando a su interlocutor, tal vez cerca de una grabadora o una cámara de vídeo, hablando sin parar. En todo caso, Valeria cita un tiempo pasado y explica su testimonio desde el recuerdo. Ello justifica la continua aparición de anáforas y deixis de persona: al citar hechos pasados, el emisor sitúa esos eventos en el tiempo y define su posición respecto esas anécdotas. Aquí los aspectos puramente pragmáticos parecen fundirse con la propia significación de la historia: Valeria es incapaz de hablar sin citarse a sí misma, demuestra que el lenguaje es egocéntrico y que la verdad no deja de ser un concepto tan abstracto como imposible, formado y deformado por todos los testimonios en primera persona que aparecen en el libro.

Con todo, no es casual que la página empiece con un ‘yo’. El hablante se presenta de forma brusca y hace referencias constantes a sí misma. Las concordancias de predicado con esa primera persona se demuestran en ‘sentía’, ‘adivinaba’, ‘sospeché’, ‘creo yo’, ‘creo que adoraba a Romano’, ‘yo lo sabía’ o ‘lo que yo pensara’. Aunque Valeria afirme que ‘no me escuchaba’, también hay lugar para una primera persona del plural (nosotros: Valeria y Pumuky) con ‘nos pasábamos’, ‘apenas estábamos’ o ‘nos liamos’. Los pronombres también siguen la lógica del narrador: la voz habla de ‘mis planes’, ‘mis proyectos’, ‘mi impresión’, ‘por ’; y se refiere a Pumuky con una tercera persona del singular, ni citándose a sí misma ni al destinatario del enunciado (que sólo aparece en ‘ya sabe’, ‘no me haga usted hablar’, ‘usted ya sabe que fue Pumuky’, ‘mire’, etc.) con ‘estaba enamorado’, ‘era un poco raro’, ‘le molaba Romano’, ‘era un tío muy atormentado’, ‘nunca se preocupó’, ‘sufría mucho’, ‘vivía todo muy intensamente, ‘era muy apasionado’ o ‘no podía durar mucho’. Los ejemplos marcan, en resumen, la tendencia de cualquier enunciación: parece que la primera persona se relaciona con la subjetividad y los sentimientos, al fin y al cabo lo propio; mientras que en la tercera persona, al dirigirse a un participante no presente en la comunicación, prima la descripción a partir de verbos como el copulativo ‘ser’ y una nómina considerable de adjetivos (ejemplos que en el texto incluyen a personajes como la madre de Pumuky en ‘la madre fallec’ a una paciente de la clínica en ‘la señora era sexoadicta’).

En el pequeño fragmento pueden encontrarse muchos casos más de deixis, anáforas y demás cuestiones pragmáticas que vendrían a completar los ejemplos anteriores. En todo caso, Etxebarría recurre a estos elementos para describir a unos personajes neuróticos que en todo momento parecen decir lo que piensan. La complejidad de la estructura del libro (ya complejo en sí mismo: es drama, comedia y novela negra al mismo tiempo) da un papel importantísimo a los personajes. Por este motivo, tal y como demuestra el escrito, el estudio pragmático de la obra se presta a un análisis de esa polifonía de voces y una deixis de persona cuyos pronombres y concordancias verbales hacen referencia a participantes/personajes (o grupos de ellos) diferentes.

Xavier Vidal

Pragmática

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