Aproximación al realismo sucio

Si en cierta manera la obra de Lucía Etxebarria tiene algo que ver con el realismo sucio (con esos aires turbios que se acaban desencadenando en Historias del Kronen, con los garitos y locales de la noche madrileña –donde los conciertos, las fiestas y las relaciones esporádicas se convierten en el pan nuestro de cada día; donde los triángulos amorosos se suceden de una manera trepidante—) es tan sólo quizá superficialmente, a grandes rasgos, aunque, por otra parte, parezca innegable sacar a luz la analogía: 1) en tanto que en la obra de Etxebarria los personajes principales son componentes de un grupo de tres amigos –grupo de música además—, cuyo estilo de vida acomodada pretende ser revelado en la obra cabalmente; en Historias del Kronen el efecto es similar –también un grupo de tres amigos, cuatro en ocasiones, que pretende reflejar el estilo de vida de una de las últimas generaciones madrileñas, la de los noventa, de familia bien acomodada, aunque sin ningún tipo de motivación; jóvenes todos ellos venidos a menos por una suerte de pereza vital, de embotamiento, que les lleva a las actitudes más decadentes); 2) en tanto que las relaciones que mantienen a primera vista los personajes son de tipo heterosexual, aunque en última instancia salga a relucir –tal vez por exigencias del guión— la atracción que siente uno de los personajes principales por otro, a pesar de ser ambos del mismo género, amén de los conflictos emocionales que ello comporta; y 3) en tanto que el lugar escogido para que se lleve a cabo la acción no es otro que el mismo Madrid, el Madrid nocturno, el Madrid semiaristocrático.
Puede, como venimos diciendo, que las analogías no sean más que meramente superficiales, que lo que abarca uno no lo abarca el otro: 1) en la obra de Etxebarria, por ejemplo, el número de personajes supera con creces al de Historias del Kronen (también en lo tocante al número de páginas); 2) por otra parte, la historia está enfocada desde la perspectiva de cada uno de ellos, que pivota sobre la vida de Pumuky, personaje principal por excelencia, aportando cada una de ellas rasgos totalmente subjetivos; 3) el realismo que encontramos no este realismo sucio del que venimos hablando, sino más bien otro tipo de realismo –y aquí entendemos realismo como sensación de realidad—, en tanto que aunque pone ante los ojos del lector secuencias relativamente condenables, moralmente hablando, no lo acaba de hacer de esa manera tosca y grosera de que se sirve el realismo sucio —y esto no es ninguna crítica, sino más bien al contrario—, sino que presenta las escenas con una mayor sutileza.
Como digo, no pretendemos comparar una con otra, sino hacer llamar la atención sobre ciertas peculiaridades que presentan tanto una como otra, en el sentido de meras analogías.

Personajes

ANÁLISIS DE LOS PERSONAJES:

Los personajes principales y construcción de la realidad.

En el libro encontramos a un total 25 personajes. Están los tres  principales sobre los que se construye toda la trama: Romano, Mario y Pumuky Éstos pertenecen al mismo grupo de música, los “Sex and Love Addicts”, nombre que refleja una cierta promiscuidad y una facilidad para entablar relaciones sentimentales. También trataré a Olga, Lola, Sónia y Valéria porque considero a estos cuatro personajes femeninos como respuesta a diferentes modelos de conducta. Los personajes de los libros de Lucía Etxeberría son nada maniqueístas, con una profundidad en su carácter que los hace distintos, y siempre construye la trama a partir de ellos.

Romano es el primer personaje que sale a escena. Su físico entraña virilidad, corpulencia, confianza y carácter de seguridad en sí mismo, serenidad. Es el mejor amigo de Pumuky y bajista del grupo. Su seguridad en sí mismo, junto con su atractivo físico le hace tener bastante éxito entre las mujeres.

Mario es quién da de beber a los demás de sus convicciones e ideología. Es un anarquista posmoderno que se encuentra un poco fuera de lugar en un mundo laboral como el de hoy. Soñaba con vivir de la música para no tener que encerrarse en una oficina.

Pumuky es la piedra angular sobre la que gira toda la arquitectura del libro. Es autodestructivo e instintivo, debido a traumas de una infancia dura tal como que su madre muera de sobredosis en sus brazos cuando él apenas contaba con una década sobre este mundo. Su filosofía de vida está entre un nihilismo y un hedonismo extremos, llevados a una sociedad en plena decadencia como es la actual. “El placer se puede comprar con dolor” es una muestra de ello, aunque esta búsqueda del placer sin tener en cuenta nada más dista mucho de la concepción hedonista del mundo helenístico. La vida en la metrópolis, en una enorme comunidad de varios millones de personas le produce, sin embargo, la mayor soledad posible. La sociedad y el posmodernismo. El individualismo, el narcisismo, el culto al cuerpo y no a la mente, el materialismo en su máxima expresión, la búsqueda del éxito, del dinero y la fama por encima de todas las demás cosas. Un modelo social que produce extremos picos de soledad, vacío, tristeza, conformismo, depresión, anorexia, automedicación, suicidio… Vamos, el paraíso terrenal.

(Por cierto, ¿soy el único que al llegar al final del libro volvió hacia atrás, a la escena en que Mario y Pumuky están en el campo, a contar los disparos? Para ahorraros tener que buscarlo: dispara una vez a una de las latas; Mario se va, y escucha tres disparos más a lo lejos: la pistola tenía 4 balas. Esta no arroja ninguna luz nueva pues bien podría haber hecho dos disparos al aire y el tercero a la cabeza, pero ya que me parece feo el recurso de sembrar la duda sobre la muerte de Pumuky mediante los colombianos, dejando un final abierto que en la narrativa actual está de moda, también he considerado oportuno alabar este recurso, ya que me hizo volver atrás en el libro, expectante.)

Olga es la mujer que se eleva por encima de todas las demás. Es segura, madura (ronda los cuarenta años), inteligente y atractiva. Ha “engañado” alguna que otra vez a su marido pero no se siente culpable; es más, después de hacerlo con Romano se siente más guapa, espléndida y triunfal. Es muy competitiva y parte de su infidelidad radica en este sentimiento de querer superar, de alguna manera, a la otra mujer que hay detrás de un hombre que encuentra interesante. Su matrimonio con Iván, con el que no ha conseguido tener un hijo, le resulta nada inspirador o divertido. Tiene anhelos de pasión y aventura que su matrimonio es incapaz de satisfacer. Las relaciones humanas tardan años en consolidarse, deben tejerse infinidad de pequeños hilos que las sujeten. Pero basta con un pequeño gesto, apenas una palabra, para demoler todo ese edificio. Un día, ante una crisis de pánico Olga llamó a su marido asustada. Éste le colgó el teléfono sin más, diciendo que no tenía tiempo; y rompió el hilo, sin saberlo, de su relación. ¿Acaso es Olga, en algunas aspectos (no digo en este obviamente), “alter ego” de la autora?

Lola es una chica joven, de 32 años, que se casa con el apdre de Mario, Víctor, que supera los cincuenta. Cree haberse enamorado, pero sólo lo ha hecho de sus status, de su condición, de su capacidad económica. Ha renunciado a su juventud por tener a un hombre con dinero que en lo personal dista mucho de satisfacerla. En este aspecto, su vida es un aburrimiento, y decide, a propósito de todo esto, acostarse con Mario, el hijo de su marido, su hijastro. La cosa dura lo que suelen durar estas cosas, y termina como suelen terminar: rápido. “El placer se puede comprar con dolor”, pero como lo primero que nos llega es el placer, solemos aceptarlo. Si fuese al revés… otro gallo cantaría.

Sónia es el personaje femenino que encarna la lucha de la feminidad contra la sociedad de hoy. Lucha contra el machismo imperante (caracterizado por el trato que recibe de Romano, no porque éste sea machista sino por como la trata en lo personal, como un objeto), contra el canon de belleza estética femenina de nuestros días extremadamente delgado (Valeria) No ha estudiado en la universidad porque no tuvo la oportunidad, pero es atractiva, inteligente y luchadora. Y su atractivo es natural. Es una luchadora de barrio humilde, de las de verdad, no otro estereotipo deforme de superación personal como Belén Esteban. Sónia es una chica ficticia pero mucho más real que ella.

Valeria: guapa, rubia, excesivamente delgada, con estudios universitarios, refinada, delicada. Es, a decir verdad, la antítesis de Sónia. Es una de esas mujeres «llenas de sí mismas pero siempre vacías» [p.314]. Sería, para que nos entendamos, un Cristiano Ronaldo pero con atributos femeninos: narcisista hasta la hipérbole, se sabe guapa pero lo exagera, se tiene que dejar ver en ciertos sitios para aparentar. En realidad es esclava de su belleza, es una caricatura de sí misma. Aunque inteligente, los estereotipos impuestos por la sociedad le han ganado la batalla, dejando tras de sí sólo a una princesita más, a la que todo el mundo desea pero nadie quiere.

Conclusión

Lucía Etxebarría dota a cada uno de sus personajes de una dimensión real, humana, y de otra dimensión estereotipada, fiel a ciertos tópicos sociales, que todos podemos reconocer. Esta última dimensión nos facilita la interiorización del personaje, haciéndonos más fácil percibir la profundidad psicológica de los mismos. Reconocemos en ellos rasgos de nosotros, de conocidos o de gente de la memoria colectiva y cultural de la sociedad.

Subjetividad y Objetividad

El libro se construye sobre tres pilares, que son los tres miembros del grupo de música, Romano, Mario y Pumuky, sobre los que se construye una trama de la que podemos entrever la verdad. Pero es una verdad a medias, pues la autora se cuida mucho de que así sea, tanto de manera implícita, dejando caer palabras de Pumuky como que quería suicidarse, como de manera explícita en varias ocasiones, diciendo que una determinada opinión de un protagonista es sólo “su” verdad y que difícilmente llegaremos al verdadero Pumuky a través de los demás.
Este es un tema que preocupa realmente a la autora y que en realidad tiene difícil solución. La eterna dicotomía entre subjetividad y objetividad, que seguramente sólo sea salvable creyendo aquello de que nunca conocemos realmente a alguien. Y no porque tenga secretos escondidos en su subconsciente que nos trate de ocultar y que en un determinado momento aparezcan, y entonces nuestra opinión sobre esa persona cambie de una manera tan radical como para hacer que una novia pase a ser una exnovia, una pequeña tragedia de la memoria. Y analizamos entonces, a partir de este pequeño descubrimiento, como si de repente nos diésemos cuenta que aquello no era la Índia sino un nuevo continente, todo lo anterior, y vemos cosas que antes no podíamos ver. Esto sucede porque en realidad siempre nos formamos una opinión sobre los demás. Es una opinión basada en esa persona que conocemos, pero a través de nosotros. A través de nuestras inquietudes, similitudes, miedos y deseos. Actuamos como filtro. La otra persona es un fenómeno de nuestra subjetividad. Y si ya resulta lo suficientemente difícil conocerse a uno mismo, como dictaba el Oráculo de Delfos al pie del monte Parnaso, más aún resulta conocer a los demás mirando a las personas a través de un filtro. Nuestro propio filtro que no podemos ver porque está dentro de nuestra retina; un filtro basado en nosotros mismos. Un filtro del que no somos para nada consicentes.
Schopenhaüer dijo que “el hombre en su totalidad es un fenómeno de su voluntad” y que, por tanto, es estúpido tratar de ser algo distinto de lo que en verdad se es. Si Pumuky quería suicidarse a los 27, seguramente lo haría. Y lo de citar problemas con unos colombianos (pobre pueblo estereotipado hasta la hipérbole, ¿acaso aquí somos todos toreros?) fue sólo un recurso puntual de la autora para salpicar al lector con la duda de si lo matan ellos o si es él quien realmente se quita la vida.
Pumuky repitió varias veces, así lo dicen varios testimonios de sus conocidos (y eso no es demasiado subjetivo, pues las palabras se dicen en un tono o en otro, pero se dicen al fin y al cabo) aquello de su deseo de suicidarse. Una vez escuché una frase que decía: “vigila tus pensamientos, porque se convierten en palabras; vigila tus palabras, porque se convierten en acciones, y vigila tus acciones, porque se convierten en tu conducta”. Los pensamientos de Pumuky permanecen ocultos en su “yo interior”, sin embargo tenemos todo lo demás: palabras deseosas de suicidio, acciones una detrás de otra en la mala dirección, y una conducta autodestructiva. La autora nos sugiere que quizá no, porque la narrativa actual premia a los finales abiertos. Lo cierto es que analizando bien el libro y leyendo las páginas que tratan sobre Pumuky, la única salida lógica de su trágica existencia es la muerte, como en la antigua Grecia.

Violaciones de las máximas de Grice en Lo verdadero es un momento de lo falso, de Lucía Etxebarria

Cuando se produce el acto comunicativo, suele haber una diferencia notable entre lo que se dice y lo que se comunica. Grice habla de la existencia de unas normas, que conocen tanto el hablante como el oyente y que guían la conversación, llamadas implicaturas. Este tipo de inferencias están ligadas a las máximas conversacionales de cantidad, calidad, pertinencia y manera, y obedecen a un Principio Cooperativo que los seres humanos tenemos en cuenta en el intercambio de información. Es importante tener en cuenta que las máximas transmiten implicaturas tanto cuando se respetan como cuando se transgreden.

A partir de esta teoría, hemos analizado algunos casos en los que se incumplen las máximas para ver por qué se ocasionan y los efectos que producen en los diálogos entre los personajes de la novela Lo verdadero es un momento de lo falso, de Lucía Etxebarria.

Ejemplo I (pág. 41)

A: Yo voy a un concierto.

B: Y los demás, ¿no viajan contigo?

A: Han salido en furgoneta esta mañana…

En este ejemplo, se viola la máxima de pertinencia porque no hace las contribuciones pertinentes, es decir, en lugar de dar una respuesta directa a la pregunta “¿No viajan contigo?” (cuya respuesta sería “no”), A prefiere dar una información aparentemente irrelevante para la respuesta (“han salido en furgoneta esta mañana”), pero mediante la cual B entenderá que, efectivamente, no viajan con él.

Ejemplo II (pág. 42)

A: Huy, mira, están embarcando. Oye, ¿qué número de asiento tienes? […]

B: 4 A. Ventanilla.

A: 25 C. Pasillo… […] Vaya, qué pena.

En este caso, en primer lugar, la máxima que se viola es la de manera, puesto que A, que pretende sentarse al lado de B, en lugar de formular una pregunta clara y directa, muestra interés por el número de asiento de B. En segundo lugar, A, sin que B se lo haya preguntado, le da la información del número de su asiento, violando así la máxima de cantidad, puesto que hace su contribución más informativa de lo requerido, aporta datos que no le han sido solicitados. Y, en tercer lugar, A viola la máxima de la pertinencia añadiendo «Vaya, qué pena», una aportación irrelevante para la conversación, pero gracias a la cual B llega a comprender el propósito inicial de A.

Ejemplo III (pág. 47)

A: Oye, esta noche te quedas en Barcelona, ¿no?

B: Pues no había pensado… Casi seguro me vuelvo en el último puente aéreo.

A: Tía, por favor, quédate y ven a vernos tocar.

En este caso, B, para no violar la máxima de calidad porque no sabe dar una respuesta concreta a lo que se le pregunta, viola otras máximas: la de manera, porque no proporciona una respuesta clara y concisa, y la de cantidad, porque ofrece más información de la que se le ha solicitado. Por otro lado, la intervención de A no es una pregunta por definición, sino una afirmación resultado de una suposición suya (da por hecho que B se va a quedar en Barcelona); B desea que A no se vaya, lo cual quedará reforzado en la súplica final.

Ejemplo IV (pág. 70)

A: Si me quedo esta noche, ¿me harás un favor?

B: Pide por esa boquita.

A la pregunta total de A, B no contesta de manera adecuada (es decir, con “sí/no”) y viola la máxima de manera porque no es claro con su respuesta. En realidad, con “Pide por esa boquita” está dando a entender que la contestación a la petición de A es afirmativa, pero no lo dice en ningún momento.

Ejemplo V (pág. 93)

A: ¿Nos vamos a comer a la playa?

B: Podemos comer si quieres, pero yo tengo que llegar a casa pronto. Mañana tengo muchísimo trabajo…

A: Entonces mejor no vayamos a la playa.

B viola la máxima de manera, ya que, para dar una respuesta negativa a la pregunta de A, hace un rodeo para evitar contestarle directamente. Además, al aportar todos los datos que le sirven de excusa, B viola la máxima de cantidad, puesto que da más información de la requerida. Con estas violaciones, sin embargo, A entiende claramente que la respuesta de B es «no».

Ejemplo VI (pág. 107)

A: ¿Quieres…?, ¿quieres que… te devuelva el favor?

B: No ha sido ningún favor.

A formula una pregunta total a B, que tendría que haber respondido con “sí” o “no”. Al no hacerlo ha violado la máxima de cantidad, porque da una información extra, y la de pertinencia, porque el comentario no era relevante. Además, B no contesta ni siquiera indirectamente a la pregunta, sino al término “favor” utilizado por A, recurriendo a una implicatura para darle a entender que la acción llevada a cabo no la considera como tal.

Ejemplo VII (pág. 137)

A: ¿Romano no va?

B: Bueno, se ha sacado una novia nueva, una chica guapísima. Modelo, creo. Y no salimos mucho con él últimamente, está siempre con ella.

B viola la máxima de cantidad porque da más información de la requerida, dando vueltas para exponer las razones de una respuesta que no facilita, pero que se entiende por esas mismas explicaciones. Además, infringe la máxima de manera porque se explaya en su parlamento sin ser claro del todo y nada ordenado.

Ejemplo VIII (pág. 140)

A: ¿Nos vamos a la sala Sol? Tú has dicho que todavía está abierta.

B: Pero son las tres y tú tienes que trabajar mañana.

Vemos un caso muy parecido al del ejemplo V, en el que, para no ser descortés rechazando una invitación, B viola la máxima de manera no siendo ni breve ni claro, la de cantidad porque dice más cosas de las que se le han preguntado, y la de pertinencia porque contesta con evasivas no convenientes, ya que no le incumben a él.

Ejemplo IX (pág. 140-141)

A: ¿Dónde he aparcado mi coche?

B: Pero tú no estás en condiciones de conducir, no sé siquiera si de encontrarlo…

En este ejemplo, A formula una pregunta que podríamos intuir retórica: no sabe dónde ha aparcado su coche e intenta recordarlo. Pero, de todas maneras, B no contesta a esa pregunta, sino que hace una reflexión a partir de ella, quebrantando así las cuatro máximas, ya que da más información que la que se le solicita (cantidad), acusando a A de algo de lo que no tiene pruebas suficientes (calidad), haciendo una contribución irrelevante para el propósito de la comunicación (pertinencia) y siendo ambiguo en su respuesta (manera). Con todo ello intenta expresarle a A que da igual dónde esté el coche porque no debería conducirlo.

 

Ejemplo X (pág. 142)

A: No estarás intentando ligarte a la mujer de mi padre, ¿no?

B: Mario, coño, no seas malpensado…

A la pregunta de A, B contesta con una evasiva. Viola la máxima de cantidad porque da una información que no se le ha demandado, y la de manera porque no es claro en su explicación, con la respuesta cae, quizá de forma intencionada, en la ambigüedad: no dice ni que sí ni que no, solo que no piense mal de él.

Ejemplo XI (pág. 243)

A: Por cierto, me llamo Sabina. Sabina Ragès.

B: Mara.

B interviene en la conversación para proporcionar una información que no se le ha solicitado, con lo cual incumple la máxima de cantidad. En este caso, su contribución en el diálogo es pertinente atendiendo a las fórmulas de cortesía: A le ha dicho su nombre y B colabora dando a conocer el suyo.

Ejemplo XII (pág. 250)

A: ¿Dé donde has sacado esto?

B: Me lo regaló una amiga.

A: ¿Qué amiga? ¿La baronesa Thyssen?

B: ¿Tan caro es?

B, a la pregunta de A “¿qué amiga? ¿la baronesa Thyssen?”, contesta con otra pregunta. La intervención de A es irónica: A piensa que el regalo es muy caro y que solo una persona con un poder adquisitivo elevado puede costearlo; B reacciona con una pregunta para verificar si ha entendido correctamente la ironía y el propósito profundo del mensaje que le quería hacer llegar A. Está violando la máxima de cantidad porque no contesta dando la información que en principio se le requiere.

Ejemplo XIII (pág. 252)

A: ¿Y confías en la persona que te lo ha regalado?

B: Pues… No la conozco mucho, la verdad.

A formula una pregunta a B y este no contesta de la manera apropiada, sino que hace una reflexión a partir de la cuestión de A. Está violando la máxima de cantidad, porque aporta una información extra, y la de manera, ya que no es claro en su respuesta. B lo hace de esta forma porque no está seguro de la respuesta adecuada (no sabe si fiarse porque no conoce mucho a la persona que le ha hecho el regalo).

Conclusión

El libro entero es una violación de las máximas. Como punto de partida, podemos decir que la autora, al escribir un relato de ficción, está quebrantando la máxima de calidad, ya que nada de lo que aparece contenido en él es verdadero. Los personajes de la obra están continuamente faltando a todas las máximas: hablan de asuntos irrelevantes, divagan, son ambiguos, desordenados en sus discursos, se recrean en las explicaciones, hacen alusión a sospechas e intuiciones, dicen mentiras, cuentan anécdotas innecesarias para el propósito de la novela, etcétera. La autora plasma las relaciones de un grupo de gente más o menos normal con una historia verosímil y, por tanto, con todos estos recursos, quiere hacernos acercarnos a la novela recreando por escrito los diálogos y monólogos de los personajes tal y como se darían en la vida real.

El uso de las implicaturas estándar y de la explotación de las máximas es de gran utilidad en las obras literarias cuando estas quieren dar apuntes de realidad, ya que en la vida real utilizamos estos procedimientos constantemente sin ser conscientes de ello.

Paloma Brunet Castell

Félix Pérez González

Macarena Pérez Paz

Rebeca Ramírez Pérez

Sobre la hiperrealidad

Este libro se podría describir con una sola frase: Incapacidad de la conciencia de distinguir la realidad de la fantasía; especialmente en las culturas posmodernas tecnológicamente avanzadas (como es en este caso). Frase que describe a su vez la trama del libro y, evidentemente, lo que es la hiperrealidad. Desde que se empieza a leer hasta que se finaliza el libro, este tema está bien patente; muchos de los personajes principales hablan sobre la muerte de Pumuky y sobre sus relaciones con él de una forma que no podríamos distinguir si lo están inventando, si realmente pasó así, o si los hechos no ocurrieron precisamente como ellos lo explican. Se llega a esta conclusión al acabar el libro, donde el lector queda sumido en la duda de qué fue realmente lo que le pasó a Pumuky, si lo mataron o si se suicidó.
El primero que habla en la novela, Romano, nombra la amistad como algo realmente falso, la amistad que se recibe de los demás no es la verdadera amistad, sino la que los medios de comunicación (él menciona principalmente a la publicidad) interfieren en tu forma de verla: Falsa, interesada y que nos la venden como una amistad únicamente para nuestro entretenimiento, Puramente irreal.

Baudrillard sugiere que el mundo en el que vivimos ha sido reemplazado por un mundo copiado, donde buscamos nada más que estímulos simulados; en el caso del libro, los estímulos son principalmente: El amor, el deseo, la felicidad, la amistad, el intento por lograr la satisfacción personal cueste lo que cueste, el deseo de la eterna juventud, el engaño como aceptación normal de la vida… todos ellos, fallidos desde el principio, con el autoengaño de los personajes.

El consumismo, por su dependencia del valor de signo, es el factor contribuyente para la creación de la hiperrealidad; es donde se introduce el tema de las drogas, el alcohol, etc.

Éste engaña a la conciencia hacia el desprendimiento de cualquier compromiso emocional verdadero, optando, en cambio, por la simulación artificial, e interminables reproducciones de apariencia fundamentalmente vacía. Los jóvenes buscan este engaño en las drogas, el alcohol, el sexo como satisfacción plena y personal y, al revés de lo deseado, provoca una desilusión general, que intentan reemplazarla y la empeoran cada vez más; los adultos centran su atención en los bienes materiales, la apariencia, tienen la necesidad de volver a la juventud, de sentirse fuertes, seguros, atractivos y deseosos de cambios radicales en sus vidas. Todo esto, solo provocará fracasos, ya que se engañan con fantasías imposibles de realizar, con un modo de vida que no les corresponde.

Para finalizar este apartado sobre la hiperrealidad, mencionaré el título de la obra “Lo verdadero es un momento de lo falso” frase que, como bien dijo Debord, hace referencia a los medios de comunicación, que “a partir de la verdad se construye la mentira”, como bien dice Mario en el libro “Cada cual le va a contar su verdad, trozos de su verdad, pero cuando junte todos esos trozos, inevitablemente se encontrará con una historia falsa”, por lo tanto, se llega a la conclusión que lo “verdaderamente real” está aún por descubrirse, que lo que es real y cierto para unos, para otros no lo es; ya sea por la modificación, la exageración o simplemente por la invención.

Alba Carricondo Benito

 
 

Publicidad

Si hablamos de la construcción de la hiperrealidad a través de los medios debemos incluir La Publicidad, que aunque se mencione con menos frecuencia en la obra, sí tiene un peso importante en la creación de los estereotipos que siguen los personajes.

La publicidad es una forma de comunicación que desea convencer a los usuarios para que actúen de una forma determinada. Lo que pretende no es tanto la descripción de un producto sino generar una fuerza que afecte a nuestras decisiones y modifique nuestra realidad, con el fin de que el producto nos resulte imprescindible. Para Lyotard, con la publicidad han desaparecido los grandes tópicos argumentales de la modernidad y el único discurso coherente es el de las mercancías, no de los objetos sino de los valores y signos que los comunican. Esta pérdida de valores tradicionales dificulta la comprensión de la realidad creando una hiperrealidad publicitaria que nos lleva al consumismo subconsciente e irracional.  Este consumismo se expresa a través de un universo simbólico que reproduce los valores y estilos de vida dominantes en la sociedad actual.

La publicidad está empezando a convertirse en la fuente más poderosa de contaminación mental. Según un estudio de Kalle Lasn una persona media de una ciudad cualquiera recibe unos 3000 mensajes publicitarios al día (logotipos, paneles publicitarios, revistas, anuncios en televisión/radio, vía internet…). Y aunque todos nos consideremos inmunes a ella la publicidad se instala en nuestro subconsciente y nos hace actuar a su antojo. Romano en las primeras páginas de la obra hace alusión a esto: si tú ves la tele parecería que los amigos sólo sirven para salir de copas (…) pero yo he aprendido que la amistad es algo más.

La publicidad crea estereotipos que son modelos impuestos en nuestra sociedad con la intención de dirigir nuestros deseos y que a través de repeticiones de éstos nos llevan directamente a la imitación. Existen una serie de estas constantes culturales que se repiten con más frecuencia: la felicidad (si consumimos los mismos productos que los estereotipos seremos felices), la competividad (necesidad de destacar sobre el resto), el éxito social (también el sexual), la tecnología (debemos avanzar con la ciencia) y la feminidad (ser la más guapa). Todos ellos hacen que el individuo postmoderno se sienta en la necesidad de consumir. Pero estas inquietudes que se crean en el consumidor muchas veces provocan daños irreparables cómo la anorexia o la vigorexia. En ‘Lo verdadero es un momento de lo falso’, encontramos dos personajes obsesionadas con el estereotipo femenino publicitario. Por un lado, Olga que es una mujer de 40 años que tiene la ilusión de recuperar su juventud con los productos de belleza que encuentra en el mercado. Y por otro, Valeria, una chica joven bellísima muy obsesionada con su aspecto tanto que, se siente simplemente un objeto sexual.  Estos dos personajes son ejemplos de lo que la publicidad corrompe nuestra mentalidad sumergiéndonos en un deseo de conseguir cosas hiperreales en un mundo real. Y lo peor es que lo consigue y acabamos viendo obsesiones de este tipo como normales.

Atalía Urbiola Mohamed

El espacio narrativo en la obra Lo verdadero es un momento de lo falso, de Lucía Etxebarria

Lucía ambienta su novela en la España propia del siglo XXI concretamente en la capital de Madrid aunque también va nombrando a lo largo de su novela distintos lugares que fueron importantes por los protagonistas que conforman la novela. Así pues, a continuación se irán descifrando estos espacios y ambientes que caracterizan de forma emblemática a los personajes. Será muy importante los espacios y lugares que ambienta la situación ya que caracterizan a los propios personajes.

Barcelona es un lugar muy importante para los componentes del grupo “Love & Sex Addicts” tanto en su niñez como en su juventud. Es destacable esta ciudad ya que será donde estudiaran y en años posteriores celebraran conciertos para promocionar sus propias canciones.

En esta ciudad fue donde se conocieron Mario, Romano y Pumunky concretamente en el Liceo Francés donde pasaron sus mejores años de niñez y de juventud en esta alta institución. Pumunky ingresó en el liceo en sexieme así pues ya se observa la influencia de la familia de éste con la alta sociedad de aquella época, ya que según palabras de Mario:”Era raro en el liceo que un alumno entrara tan tarde…más tarde me enteré de que el abuelo de Pumunky tenía el dinero y las relaciones para conseguir lo inconseguible”.

Cuando empiezan a formar el grupo Love & Sex addicts serán constantes los viajes que realizaran para promocionar sus propios discos entre Madrid-Barcelona. Uno de los lugares más frecuentes de este grupo será la actual discoteca Razzmatazz. Allí es donde se concentraban los fans para poder tener ni que fuera una mínima instantánea de su su grupo ídolo. Mario, Romano y Pumunky, este último, el cantante . Todos ellos conformaban el grupo denominado “Love & Sex Addicts” que en poco tiempo tuvieron un enorme éxito, pero también fue debido al brillante espectáculo que muchas noches se podían ver en salas de Barcelona y de Madrid. Era tan grande la energía que transmitía este grupo que el ambiente que se respiraba era de desvarío y de locura. Así pues podemos entender cómo se debió sentir Olga al asistir a un concierto de ellos: “Pues la cruda realidad no era otra sino que Olga desentoba en aquel ambiente como una cucaracha en una recepción de gala”.

-Hotel en Barcelona y en Madrid: fueron dos lugares donde se dieron a cabo distintos encuentros amorosos. Debido al gran rendimiento y negocio del grupo, Romano pudo abastacer los gastos para poder pagar un hotel de aquellas semejanzas y poder así tener varias noches de locura con Olga. Ella estaba casada desde hacía años aunque en aquellos días se sintió libre como un pájaro ya que nadie la juzgaba y no sentía ningún tipo de remordimiento hacia nadie ya que desde hacia tiempo su matrimonio era un fracaso. El otro encuentro amoroso fue en un hotel en Madrid llevado a cabo por Marie y Leonardo ambos casados. Leonardo estaba situado económicamente muy bien ya que era profesor en la universidad y escritor, en una de las conferencias ambos se conocieron y a partir de allí empezaron una relación amorosa que les unió cuatro años. Madrid será el lugar donde residirán todos los personajes de la novela. La casa y el bar será dos estancias destacadas en esta novela.El bar será el lugar de encuentro de los amigos. La Sala Sol es un local madrileño muy famoso en la actualidad donde se hacen conciertos y fiestas importantes, allí muchos de los personajes siempre tenían alguna excusa para ir.

A continuación se observará el carácter juvenil que tienen estos personajes y la festividad y emotividad que transmitían. También cabe destacar que cuyo grupo en los últimos tiempos había ejercido una tal influencia en Madrid que podían gozar de privilegios como entradas vips en las discotecas, bebida gratis, entre otras cosas.

Mario: Nosotros todavía vamos a la sala Sol, y nos dan las mil allí

Lola :Si, sigue abierta. Lleva más de veinte años abierta.

Narrador: Nada más llegar, Lola cogió de la mano a Pumunky y se lo llevó a bailar a la casi vacía pista. La pija bailaba escandalosamente bien.

Aunque no siempre que acudían en la Sala Sol era para celebrar algún acontecimiento, aniversario o premio, una de las veces que no fue así, fue debido al fallecimiento de Pumunky. Esta acción de acudir a una discoteca se podría considerar como una forma de resignación ante la vida y ante tal situación.

“No sé en que momento yo había llamado a romano que luego nos fuimos a un bar que estbaa a la salida de la comisaría y que a mi me entró la risa histérica….sé también que esa noche o la siguiente salimos a emborracharnos a muerte Romano y y que yo acabé bailando pogo a saltos en la sala Sol, que me vio mucha gente y que luego se comentó mucho, que qué falta de respeto y que si me lo había cargado yo”.

Otro lugar relevante, fue la Taberna Encendida ya que es donde se produjo el reencuentro entre Olga y Romano y posteriormente entre Olga y Pumunky. Así pues fue el reencuentro:

“Se encontraron en La Taberna Encendida, tomaron dos copas, se emborracharon, salieron a la calle y se abrazaron y se besaron apoyados contra la pared.” Pag.94

Al cabo de unos días, decidió volver Olga pero no se encontró con Romano sino a Pumunky , él la invitó a una copas y eso fue el que sucedió:

“Bebieron una copa,dos copas, tes copas y antes de que ella se diera cuento incluso de lo que estaba sucediendo, aquel chico de belleza impresionante la estaba besando.

La casa también ejercerá un papel muy importante en los personajes. Será el lugar de refugio, de encuentros con los amigos, de relaciones amorosas, aquí se reflejará el carácter y el ambiente propio de aquella época. Vamos a caracterizar un claro ejemplo:

Veamos un claro ejemplo:

La casa del padre de Mario estaba situada a las afueras de Madrid y era el lugar donde Mario frecuentaba en verano debido a las lujosas instancias que había.

“calidades de lujo,piscina, aspiración centralizada, calefacción por suelo radiante, aire acondicionado,cocina amueblada con electrodomésticos,habitación municipal con mirador, jacuzzi,etc.”

Es aquí pues donde también se producían encuentros amorosos en la propia casa de Leandro con Mario y su madrastra:

“-vale-dijo Mario-pues vamos a tu casa.-Y al decir “tu casa” y no “la casa de mi padre”estableció entre ellos un pacto táctico de complicidad.Lola había dejado de ser su madrastra.”

Para concluir, cabe destacar que tal y como se ha visto el ambiente y el espacio caracterizan perfectamente los personajes que habitan en un lugar determinado y así vemos en este libro “Lo verdadero es un momento de lo falso” la gran variedad de matices, interpretaciones que se les puede otorgar a este mundo literario que al fin y al cabo está conformado por los personajes.

M.Mercè López Romero