Sobre la Hiperrealidad

En primer lugar, para poder hablar de la hiperrealidad, sería conveniente intentar establecer qué es la realidad. De por sí su definición resulta claramente ambigua si atendemos a la forma en que ha sido expresada durante la historia. Platón dividía la realidad en inteligible (la que constituyen las ideas), con algunas características como la inmaterialidad, inmutabilidad, eternidad y modelo de la realidad sensible, por un lado, y por otro en sensible (cosas), algo material, corruptible, cambiante, que constituía una copia de la realidad inteligible. Aristóteles, más tarde, creía que dicha realidad no podía existir en un mundo aparte de las ideas separadas del mundo sensible. Argumentaba que la realidad sensible es la manifestación de algo que tiene verdadera existencia.
En literatura, Cervantes fue uno de los que observó los diferentes planos de la realidad con su personaje visionario, presuntamente obnubilado por las novelas de caballerías, en lo que se llamó «la realidad oscilante». En un pasaje de la obra, concretamente la aventura de Clavileño, el caballo de madera, cuando los dos personajes se están explicando la vivencia, Sancho le dice a Don Quijote que cuando se encontraban en las alturas (con los ojos vendados), se ha destapado un ojo y ha visto allá abajo en la Tierra a los hombres poco mayores que avellanas y el planeta como un grano de mostaza. A lo que Don Quijote le responde que si quiere que crea lo que le cuenta, Sancho habrá de creer lo que vio en la cueva de Montesinos que previamente había contado Don Quijote, e inmediatamente finaliza diciendo: «y no os digo más». Seguramente Cervantes ya había observado que la realidad no tiene una única versión, que depende del punto de vista que cada persona se construye sobre un hecho determinado. Otro caso es el del «baciyelmo», un objeto que para algunos es una bacía de barbero y para otros un yelmo, y muchos otros ejemplos que nos demuestran que el observador imagina su realidad de acuerdo con sus estructuras mentales y bagaje cultural además de sus experiencias personales.
Antes del Siglo de Oro, los cronistas de Indias habían tenido serias disputas en cuanto al concepto de realidad. Algunos como Bernal Díaz del Castillo, para dar verosimilitud a su Historia verdadera de la conquista de Nueva España, dice, haciendo énfasis y utilizando un pleonasmo, que lo ha visto con sus propios ojos, además menoscaba la legitimidad de otros cronistas como López de Gómara, del que manifiesta que solo habla por lo que le han contado otros, de lo que se infiere que la realidad a la que alude el cronista es como mínimo dudosa. Otro aspecto destacado en la descripción del nuevo mundo es el hecho de tener que lexicalizar cuestiones nunca vistas o totalmente diferentes a las conocidas por el individuo (descubridor o cronista). Para ello cada persona recurre a su conocimiento del mundo o de la realidad de su mundo, de esta manera nos han llegado episodios muy relacionados con el imaginario europeo de la época, que entronca con una mentalidad medieval dominada todavía por una perspectiva teocéntrica de los asuntos de la vida.
En una definición simplista, podríamos decir que la realidad es aquello que está pasando o ha pasado, sin embargo la dificultad radica precisamente en eso, en saber si sobre un hecho en concreto existe solamente una realización lingüística o varias. Si pensamos en una situación cotidiana como pueda ser  un accidente de tránsito en una ciudad, observaremos como de un mismo hecho que se ha producido en un momento determinado en un lugar concreto nos encontraremos con dos opiniones diferentes, probablemente influenciadas por el hecho de eludir la responsabilidad que conlleva un perjuicio económico.
Gabriel García Márquez decía que la realidad no es siquiera lo que ha pasado, sino el recuerdo que tenemos de ello. Esta conclusión nos remite con mucha seguridad a las dificultades que posee el cerebro humano cuando entra en juego la memoria. Según los últimos estudios realizados sobre este tema, al parecer la memoria es sumamente imprecisa en cuanto a los detalles, es decir que con mucha facilidad expresamos aquello que no ha ocurrido en realidad, simplemente construimos un relato que tenga sentido en aquellas partes difusas del discurso o que recordamos vagamente. Además el boom de la literatura hispanoamericana nos presentó un amplio universo sobre las relaciones entre realidad y ficción, con asociaciones de todo tipo: el realismo mágico, lo real maravilloso, la realidad real, etc.
Si para la configuración de la realidad hemos anticipado que andamos sobre un terreno inseguro y mudable, que podremos decir sobre lo que llaman hiperrealidad. En un intento de asentar el concepto, se podría decir que la hiperrealidad resultaría un constructo mental, una realidad a nuestra medida definida preferentemente por el autoengaño que nos invade, una representación de la realidad que se impone sobre ella y que nos gusta más porque la hemos adaptado, le hemos dado forma. De alguna manera, estaría relacionado con las teorías de Merleau-Ponty sobre la idealización de aquello en lo que pensamos (objetos de deseo, etc.), y los cambios de sentimientos que provoca en nuestra mente la evocación de las realidades vividas y recordadas de acuerdo con nuestros estados de ánimo o preferencias. También Borges había hablado de una forma de concebir la realidad como un sueño, por lo que surge la idea instantánea de fabricar la realidad con algunos ingredientes oníricos que guardan relación con los deseos o los miedos.
En cuanto nos centramos en la sociedad de nuestros días, no podemos dejar de pensar en la influencia que ejercen los medios de comunicación en nuestra percepción del mundo. En este sentido, las teorías de Baudrillard y Debord cobran significación puesto que proponen la estructuración de nuestra realidad a través de la televisión o de la prensa. Se puede decir que los medios de comunicación de masas nos imponen la realidad desde el momento en que utilizan sus herramientas para mostrarnos aquello que importa (o lo que nos debe importar) bajo su prisma particular, la competencia extrema que envuelve la toma de decisiones desarrolla la idea de que cualquier manifestación hacia el público debe de contener como elemento prevalente el espectáculo. Esta fuerza unificadora de conciencias ejerce una hipnosis de tal magnitud en el público indefenso que limita la capacidad de pensamiento profundo, ya que no concede tiempo a la reflexión, es un continuo pasar que no llega a ninguna parte. El movimiento circular de la información, por ejemplo, que propugnan los medios limita en gran manera la capacidad de análisis sobre temas realmente serios que pueda establecer el público, y además propicia que la mínimas asociaciones de ideas que se puedan establecer se relacionen con lo inmediato, prácticamente con el presente más cercano, de esta manera se consigue la pérdida de la perspectiva histórica. La información a la que se alude es manifiestamente fútil, basada en sucesos o cuestiones de consenso que no puedan presentar ningún riesgo para el establishment. En definitiva, se puede concluir con la afirmación de que los propietarios de los medios de comunicación son los que construyen la realidad deformada en la que nos vemos envueltos.
Los poderes que nos gobiernan han sofisticado tanto sus herramientas para la edificación de la hiperrealidad que las consecuencias que se derivan apenas son percibidas por la población. Por citar alguna, podríamos hablar de la supresión de la capacidad de pensar que han instaurado en la vida de los individuos, ofreciéndole una realidad formalizada e inamovible, cómoda y ausente del esfuerzo de la meditación que podría desestabilizarla. Han eliminado también cualquier crítica en contra del sistema mercantilista, primero con el filtro de los medios, y en segunda instancia mediante la desacreditación de las fuentes para, de alguna manera, desposeer de verdad aquello que no interesa que se conozca. Otra de las sutilezas que se pueden observar, son las que se refieren a la manipulación del lenguaje; el truco consiste en vaciar de contenido los grandes temas para difuminarlos ostensiblemente. A este respecto solo mencionaremos un par de eufemismos totalmente crueles, el primero es el que habla de daños colaterales y que esconde las matanzas que realiza el ejército sobre la población civil, y el segundo es el que se menciona como víctimas del fuego amigo, y hace referencia a los muertos por el fuego de sus propios aliados, seguramente no necesitan más comentario.

LO VERDADERO ES UN MOMENTO DE LO FALSO

La realidad

Un resumen simple sobre la construcción de la realidad que se deriva de la novela podría ser el siguiente: la autora nos da la visión de una historia a través de nueve personajes de la misma, es decir que la fragmentación constituye el elemento más destacado. Es significativo que el primer punto de vista lo dé el personaje de Romano, que posiblemente hable desde su perspectiva, y que el último relato lo lleve a cabo el mismo personaje, aunque en este momento de la historia y después de haber leído toda la obra, una lectura que puede desprenderse de este hecho es que el modelo habla por boca del protagonista muerto, Pumuky, que por tanto no lo puede hacer.
En el mundo de la hiperrealidad que intenta reflejar la novela, Pumuky configura la copia de Romano, esta afirmación está basada en las opiniones de los personajes y en algunos pasajes donde el narrador va trazando lo que fue la vida del cantante del grupo. Todos coinciden en que las mujeres con las que Romano ha tenido relaciones, posteriormente las han tenido con Pumuky. La realidad inalcanzable para el cantante se fabrica en su mente con el tacto y la posesión de las chicas que previamente han contactado con el objeto de su deseo. Se conforma con la representación de la realidad, es decir, con la hiperrealidad, intenta que ellas le transmitan aquello que él no puede conseguir, o lo sitúen en la órbita de su modelo. En algunas versiones de lo sucedido se constata explícitamente que Pumuky habla constantemente de su amigo, que cita las lecturas y los gustos de Romano, por así decirlo vive la vida a través de la personalidad otra persona. Esta alteración de la percepción puede presentar diferentes causas, la falta de referentes paternos que ha sufrido el protagonista seguramente han afectado su autoestima, de hecho se refugia en la madre de Romano para suplir sus carencias afectivas, ya que sus abuelos no le pueden ofrecer una sustitución satisfactoria.
Si atendemos a las explicaciones de los personajes en la entrevista personal, encontraremos solamente un punto en común, se trata de la certidumbre de que el protagonista estaba abocado a la autodestrucción. Por lo demás, se puede deducir que la mayoría de ellos miente por diversos motivos, o muestran una visión parcial de la situación. Es curioso observar que algunas justificaciones que se intentan expresar sobre los hechos ocurridos guarden relación con los presuntos ídolos de Pumuky: Jimmy Hendrix, Kurt Cobain y otros que murieron a los 27 años víctimas de una vida desordenada. Esta puede ser la realidad de Pumuky, o la que se ha creado en su mente a falta de mejores referentes, algo distorsionado por los medios de comunicación envuelto en un halo de perfección y de intensidad que queda lejos para los demás mortales. El protagonista manifiesta fehacientemente a través de la opinión del narrador y de los demás personajes un desmesurado deseo de reconocimiento, este sentimiento parece indicar, si aplicamos la lógica de la hiperrealidad, que si no te miran, si no te ven, si no te admiran, no existes, no eres nadie, alguien que conforme una idea de la realidad como esta necesariamente ha de considerarse alienado socialmente, esta perspectiva impuesta por los medios en los cerebros débiles desemboca casi inevitablemente en una situación paranoica o delirante. Así no encontramos extraño que el cantante cuente a sus amistades que lo persigue una banda de colombianos, su exceso de ego le produce la visión de una realidad desvirtuada e incluso deformada. La metáfora de la realidad como un retrato en mosaico que describe Mario, se acerca bastante a la concepción fragmentaria de la historia, donde cada pedazo es una parte de la realidad desde un punto de vista probablemente influido por las relaciones interpersonales de dos de los actuantes. Como dice Debord, de una verdad se construye una gran mentira, pero como la imagen tiene categoría de verdad, pues cada trozo del puzle contiene su parte de verdad (o de mentira).
Por otra parte, otro factor determinante en el edificio tambaleante de la hiperrealidad es la falta de valores. El personaje de Mario es un claro exponente, su falta de principios y de convicciones muestra una falta de pensamiento profundo que se refleja en la creencia en unos prejuicios estúpidos y en la inadvertencia de la trampa que le tiende Lola. En primer lugar, obra de forma contraria a lo que piensa y, posteriormente, alude a la delicadeza de su madrastra por una cuestión menor. En este punto, podemos hallar similitudes entre la situación que se está produciendo y el hecho de que los medios de comunicación de masas nos ofrecen una realidad dirigida a lo insignificante, a lo prescindible, a lo que no va a producir ninguna consecuencia puesto que no existe un fondo de la cuestión que merezca ninguna reflexión, pasando de soslayo por los temas importantes, sustituyéndolos inmediatamente por otros para que no exista la posibilidad de valorarlos convenientemente, así no pueden crear un poso en la mente del individuo que lo haga reaccionar y rebelarse.
El prisma de la realidad también pasa por la concepción capitalista de la sociedad y de la economía, algún personaje expone que para llegar a la cima del mercado laboral es necesario pisar la cabeza de los contrincantes, esta competitividad que nos viene impuesta por el sistema de mercado supedita los valores humanos al éxito personal o comercial, de esta manera elimina cuestiones como la solidaridad o la amistad entre personas. Lo mismo ocurre con la repetición de determinados esquemas mentales heredados de la sociedad de la televisión y de la prensa, sobre todo, basados en la publicidad que pretende decidir qué es lo importante y cuál ha de ser nuestra forma de pensamiento, frases como que una mujer se hace más valiosa cuanto más distante (Lola: «Sabía, por lo visto y aprendido, que…») ejemplifican esta afirmación, incorporando modelos mentales ridículos alejados de todo sentido común o de una meditación más o menos inteligente.

En el momento de la muerte de Pumuky, se encuentra acompañado de Mario, sin embargo, éste en su monólogo-entrevista manifiesta que se encontraba dormido y no pudo ver lo ocurrido. Por otra parte, no facilita detalles de la situación ni de ningún otro tipo relacionados con la escena del crimen, por lo que es difícil determinar si se trataba de un suicidio o no. La perspectiva global del narrador omnisciente no se muestra en el relato, simplemente presenta unos hechos apoyados por las impresiones en primera persona de los protagonistas. Por todo ello, el lector se hace una representación mental aproximada y parcial del desenlace fatal del protagonista, aunque no puede confirmar la verdad. Esta estructura segmentaria responde a la configuración del universo narrativo bajo el que se produce la obra, está emparentada con la teoría filosófica de Baudrillard y Debord en cuanto al modelo de representación de la realidad por parte de los medios de comunicación. La focalización individual del punto de vista de los personajes contribuye a la parcialidad y la subjetividad de lo narrado, el desenlace de la historia no tiene demasiado sentido porque, probablemente, tampoco lo tiene el deambular contradictorio del protagonista. Su propuesta vital carece de objetivos, solo le interesa el presente, la posmodernidad constituye su ideario personal, no persigue ningún referente, únicamente se mueve por pulsiones perentorias desvirtuadas por el consumo de sustancias que cambian una realidad sustituyéndola por otra ficticia. Pretende hacer de su vida un continuo espectáculo, como si siempre se encontrara sobre el escenario para reafirmarse, sentirse admirado dentro de la sociedad simulacro de la que habla Braudillard.

En la primera entrevista, Romano habla de la publicidad de las marcas comerciales que recurren a la amistad para que el consumidor haga la asociación de ideas pertinente, esta estrategia sutil en realidad intenta crear una necesidad en el individuo, entonces la mente establece la correspondencia entre aquel producto y la amistad o la diversión. He aquí otra dimensión de la hiperrealidad que pretende subyugar y someter la voluntad de las personas con el objetivo de fomentar el consumismo desmesurado, base del sistema capitalista. Otra mención interesante es el narcisismo de Pumuky, muy relacionado con la posmodernidad, el hombre enamorado de su imagen pública, alimentando su ego día a día, cerciorándose de que es alguien en tanto en cuanto es reconocido en cualquier lugar como un ídolo (de barro).
La metáfora de descubrir el mecanismo del juguete resulta acertada para describir el pensamiento del hombre actual, las implicaciones son muy claras, no queremos reflexionar sobre un tema porque entonces nos aburrimos, necesitamos situarnos siempre ante la expectativa, en la pura irreflexión. De todas maneras tenemos tantos juguetes al alcance que para qué queremos saber cómo funciona, en todo caso los medios de comunicación se encargan de abastecernos de todo lo necesario para que esta espiral se convierta en un bucle sin fin.
Cuando los tres componentes del grupo se van a París, Romano describe la situación de su padre con su madrastra y las intenciones de Pumuky con respecto a la hija de su madrastra. Lo más destacado en este pasaje es la ausencia de valores tanto de su padre como de Pumuky, ya que el primero cazó a una rica heredera y el segundo intenta hacer lo mismo. Es la cultura del mínimo esfuerzo, igual que se observa en gran parte de la juventud de nuestros días, reflejo de la posmodernidad imperante. García Márquez sentenciaba diciendo que no hay droga más peligrosa que la del dinero rápido y fácil, por esta senda los valores siempre están ausentes, apenas hay que pensar una sencilla estrategia de seducción y ya está. En la prensa actual leemos constantemente que tal o cual rico hombre de negocios se ha separado de su esposa que suele ser modelo o mis algo, con el consiguiente reparto de bienes. Este es el modelo de vida que proponen algunos medios de comunicación y revistas temáticas (monotemáticas), estos son los valores actuales para gran parte de la sociedad, y a los que intentan desprestigiar estas conductas lo primero que les responden es que de acuerdo, pero mira el dinero que tiene, desde luego no consideran si por el camino han perdido la dignidad u otras características que deberían definir a una persona.
Romano describe con mucha claridad la hipocresía que rodea el matrimonio de su padre borracho con una francesa, todo el decorado es perfecto: la casa, la vajilla de plata, pero detrás se esconde una farsa de malos tratos y enfermedad alcohólica que no puede sustentarse nada más que en la sociedad-espectáculo de las apariencias.
Un poco más adelante habla de la represión policial hacia los manifestantes por temas laborales en Francia. El poder utiliza a la Policía como medio de control social, no puede aceptar que se critique al sistema, de la misma manera que los medios de comunicación censuran a la oposición que pueda desestabilizar la situación de privilegio que ocupan. El supuesto orden que defienden los gobernantes es el que de vez en cuando aparece en los medios con la imputación de algún alcalde prevaricador, la denuncia contra unos sacerdotes pederastas, el enriquecimiento de personas vinculadas a partidos políticos que dirigen instituciones respetables, los favores que reciben ex dirigentes políticos cuando pasan a la empresa privada, las subvenciones a la banca que sufraga las campañas políticas, instaurando el miedo en la población con la posible quiebra económica del país. Pero no pasa nada, si la mayoría son delitos económicos que no tienen mala prensa, al contrario, además los legisladores cenan a menudo con los banqueros, no van a cebarse en unas penas duras y ejemplares por asuntos de segundo orden.

Mario expresa en su entrevista la influencia que ejercen las redes sociales en la nuestra era, dice que desde que los promocionaron en MySpace se hicieron de oro y que los conocía todo el mundo. El fenómeno colectivo de las redes sociales ha traspasado todas las fronteras, se podría decir que incluso ha esquivado los omnipresentes tentáculos del poder, una prueba de ello es la situación actual en el Norte de África, al parecer, alguno de los iluminados líderes de esta zona intentó suprimir la conexión de su país con el resto del mundo, sin embargo, los intereses del mercado impusieron su poder, y no le dejaron actuar porque ha de estar sometido irremediablemente al Dios contemporáneo de la economía, entonces utilizó las bombas.
La realidad delirante de Pumuky incluye la posesión de una pistola de la familia, posiblemente propiedad de su abuelo, un señor muy adinerado que seguramente temía por sus intereses y se armó para defenderlos. La estrategia del miedo es otra característica de la sociedad posmoderna: es necesario acumular alimentos cada vez que sucede algún hecho terrible según la televisión (para favorecer el consumo), es conveniente tener armas en casa por si somos atacados (gran negocio de la venta de armas), a los niños hay que protegerlos en casa para preservarlos de la maldad del mundo (preferiblemente para que vean la televisión o se conecten al ordenador), el miedo al terrorismo árabe es tan palpable que asegura la impunidad de los gobiernos occidentales para cometer las mayores tropelías en aquellos países (así se defienden los intereses de las empresas de cada país occidental y se les sustraen los recursos a los extranjeros), los ciudadanos han de mantener una dieta sana porque su imagen es lo más importante, de esta manera ni engordan ni enferman (las empresas farmacéuticas han de subsistir), miedo y más miedo.
Las últimas palabras del soliloquio de Mario hacen referencia concreta a Guy Debord y al título del libro, a pesar de que emplea un lenguaje muy cercano y sencillo, expresa en líneas generales la teoría del autor francés. Se puede destacar la frustración que se desprende de sus palabras, pero no podemos olvidar que su argumentación se basa en temas aparentemente muy banales, habla de su depresión sin especificar cuáles son los motivos que la provocan, es posible que se trate de la relación con su madrastra que lo ha utilizado, aunque tampoco ha reflejado sus sentimientos hacia ella, por lo que se deduce que no los experimenta, más bien parece una pose que manifiesta una gran superficialidad.
Luis M.ª López

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