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LA DESCRIPCIÓN FISIOLÓGICA DEL SEXO EN LO VERDADERO ES UN MOMENTO DE LO FALSO DE LUCÍA ETXEBARRIA

por Cinta Mulet

Se trata de un thriller psicológico de las carencias concomitantes que provocan la frustración humana. Una sucesión de episodios donde los personajes viven breves fragmentos pseudofelices que se agotan fácilmente. Unos seres humanos inestables, neuróticos, saciados por su propio descreimiento, personajes que oscilan entre dos polos: desde espasmos depresivos a la excitación de una exacerbada competitividad: “por raro que sea el verdadero amor, lo es menos aún que la verdadera amistad […] hay pocos lazos de amistad tan fuertes que puedan ser cortados por un cabello” (p.13-14).

Una visión de un mundo deshumanizado “el resultado directo del callejón sin salida del capitalismo”. En la profundidad yace el dolor del gran desengaño. Unos personajes esclavos de la inmediatez instintiva que les hunde en la vacuidad, comportamientos guiados por conductismos mecánicos que les producen insatisfacción y, en muchos casos,  autodestrucción: un mundo asfixiante donde la imaginación junto con las ilusiones se ven mermadas de antemano por el determinismo. Acorralados por el círculo hermético de la desconfianza, su frágil éxito pende del hilo de la aceptación ajena. La autora teje personajes manipulables frente a ogros sin escrúpulos. Un mundo depredador donde la sensibilidad y el arte no pueden subsistir: la madre de Pumuky, el propio Pumuky.

Pumuky un ser neurótico-obsesivo desde siempre, hijo de una drogata, no sabe cantar, berrea, sin embargo es una máquina espectacular encima del escenario: “Que Pumuky no cantaba un pijo y tocaba como el culo.” (p. 45). Sobre él se construye la mentira de un conjunto musical donde lo fundamental flaquea, la novela nos sumerge en el entramado de un mundo utilitario regido por la pragmática del dinero y la metafísica de la apariencia que confunde sentir con interés. Un mundo que usa y abusa de la fragilidad  de las masas.

Me parece interesante destacar la nitidez con la que plasma el conflicto humano unido al paternal sexo. Un sexo contado desde la piel de mujer que empieza punzando al ancestral machismo, dice Olga: “los hombres sólo piensan en lo único, […] la aburren con la nostalgia de sus ex novias y los alardes de las proezas de la nueva” (p. 32-33).

Los personajes avasallados por las mentiras viven la inquietud de sus cortas verdades. Verdades construidas a base de concesiones humanas que fenecen súbitamente y les sumen en densas turbulencias. Desprotegidos, deambulan ante un mundo exterior agresivo que condiciona su quehacer y conduce su sentir, y construye el perfil de personalidades dependientes. El sexo es una necesidad. Se podría hablar de devoción hacia ciertos objetos y conceptos como la fama, las influencias, que llegan a mitificar: por ejemplo tacones y sexo: identificaciones cercanas al fetichismo: “Olga taconeaba, y le encantaba escuchar el repiqueteo de sus zapatos, toctoctoc-toctoctoc. —Se sentía guapa, en parte, por los tacones […]con ellos se sentía otra mujer, poderosa, con el trasero erguido y, además había leído en algún suplemento que los tacones ejercitan los músculos vaginales, lo cual le había parecido una soberana chorrada auque había contribuido a reforzar subliminalmente la asociación tacones-sexo—, y en parte por los pantalones nuevos, unos vaqueros que le venían ligeramente grandes y cuyo roce era como una caricia en la cintura.” (p. 35).

La autora afronta un par de dilemas difícilmente compatibles: sexo y trabajo, sexo y rutina. Trabajo y rutina dilapidadores del deseo. Lucia Etxebarría desvela su posición defensora de la mujer: mujeres luchadoras, ambiciosas, inteligentes que no escatiman medios para conseguir una posición en un mundo contrario y agresivo, con una estructura “piramidal” donde la única manera de ascender es “pisándole la cabeza a otro”,   y donde ellas resultan las más “quemadas”, viéndose abocadas, muchas veces, a una “vida vacía, vida de esclavo”.

Las relaciones de pareja son complejas y contradictorias. Relaciones múltiples, parejas cruzadas que temen, envidian i compiten. El sexo se tañe como concepto económico de libre comercio: competitividad y consumibles: “Daba por hecho que antes o después Iván se acercaría más, y tenía una ligera idea de que un día u otro acabarían en la cama, y desde luego sabía que nunca lo hubieran hecho de no haberse liado Iván con Cristina, y que estaba jugando de nuevo sus piezas en el tablero de la competitividad. […] Y cuanto más se obsesionaba Cristina, más la temía Iván, y cuanto más la temía Iván, más se inclinaba hacia Olga, que más atraída se sentía hacia Iván cuanto Cristina más se obsesionaba con él: un laberinto”  (p. 83).

La autora punza una y otra vez en la objetivación del sexo, encuentros desprovistos de emoción donde sólo queda el rastro del animal. El sexo es cuerpo, alcohol, encuentros fortuitos, refriegues clandestinos y, en el fondo, tristeza. Refiriéndose a Romano y Pumuky: “esos dos  se han estado pasando las mujeres como quien se pasa apuntes”
(p. 157).

Dentro del marco de la más viva actualidad, la objetivación del sexo es tratada a través de la ironía: una chica reducida a “ su cuerpo” se compara a una “moto”: “Total, que esa misma mañana cogemos la moto de Romano, o la de Pumuky, porque aquella moto era como las novias, que se las iban pasando el uno al otro, no me extraña que la llamaran Suzie Q. Decían que era por lo de Suzuki, pero yo creo que es que era como una tía más.” (p.160).

Un libro divertido, de lectura rápida, en el que subyace una segunda lectura: la perdida del romanticismo, la pérdida del origen mágico de la pasión, la empatía astrológica como factor x del enamoramiento… El descubrimiento de la química fenomenológica que impulsa y coordina los actos “amorosos” hace que estos se conviertan en meras segregaciones mecanizadas del cuerpo: Nuestro narrador omnisciente habla así de Romano y Valeria: “los respectivos sistemas nerviosos de nuestros protagonistas se pusieron en marcha y se produjeron sendas descargas de feniletilamina (FEA), un compuesto de la familia de las anfetaminas que desata la pasión. Casi inmediatamente después vinieron las descargas de dopamina, que es el neurotransmisor relacionado con el placer y la recompensa. Las descargas de ambas sustancias provocaron en Romano y Valeria una necesidad incontrolable de sexo, que se resolvió casi inmediatamente.”

El funcionamiento fisiológico del cuerpo explica las conductas de los personajes, las cuales no son más que fruto de reacciones hormonales: la sensación de conocerse de toda la vida queda explicada por la combinación de la oxitocina (hormona de la confianza y el apego), la serotonina (que genera bienestar), la dopamina y la noradrenalina (que dilata las pupilas y acelera la tensión). La euforia y la confianza para hacerse toda clase de confidencias, después de los encuentros amorosos, eran causadas por efecto de la dopamina que es la hormona encargada de inhibir las labores del córtex frontal donde reside la racionalidad y el sentido crítico.

El verdadero amor se concibe como peligro. La inmediatez con que se satisface el sexo hace que éste muera. Sin embargo, el rechazo hace sublimar el deseo hasta convertirse en “peligroso” amor, con esas palabras de Valeria: “en todas las ofertas que Pumuky le hacía y que fueron rechazadas, en el estímulo que precisamente por inhibido se había sublimado en renuncia y había crecido hasta parecerse peligrosamente al verdadero amor.” (p. 364).

La liviandad del intercambio sexual está justificada por su fenomenología fisiológica. Los personajes son intérpretes de las reacciones químicas que su cuerpo experimenta, actantes externos que transforman en actos aquello que sus hormonas fabrican. De ahí la fragilidad de las reacciones y la vulnerabilidad al cambio de actitudes ante cualquier rasguño de sutil palabra o gesto: “Había oído mil veces expresiones así o parecidas, Pumuky nada dijo de me pareces inteligente, o ingeniosa o dulce. El enamoramiento se desvaneció.” (p. 365).

La exigencia al cambio y la transformación, para asegurarse la supervivencia, del mundo empresarial  —caso de la editorial de Víctor— se traslada a lo humano, donde para conseguir lo que el deseo pide vale todo, no se observará ninguna ética delante de la persecución de un objetivo. Una vez consumido, adviene la constante insatisfacción e infelicidad en las que se ven sumidos los personajes, algunos de los cuales desarrollan conductas enfermizas, adictivas.

La voluntad solo se ejercita cuando hay interés material o económico. Las relaciones se mantienen principalmente por conveniencia: la joven Lola casada con el añejo Víctor:
“Lola nunca estuvo enamorada de Víctor, porque Lola poseía demasiado orgullo y excesiva ambición para ser capaz de semejante  anulación de la personalidad. (p.167)
Son personajes con muchos artificios aprendidos de seducción en sintonía con la línea librecambista del capitalismo, dichas estrategias se mueven en paralelo con el marketing comercial: los cuerpos como productos.

La impericia de sustancias químicas que componen la naturaleza humana reduce al ser humano a “cuerpo” subyugado por un mundo donde todo se compra y se vende. Donde los subjetivismos más poderosos se imponen como verdaderos filtros para el arte.

Un lenguaje que corre ligero como agua río abajo. A veces se mueve entre el estrabismo de términos científicos a veces subyace en los vulgarismos más capciosos. Un tiempo narrativo de presente construido a través de muchas voces que declaran sobre la muerte de Pumuky y, entrecortando, un narrador omnisciente que nos conduce a otros saberes sobre sus personajes y se cruza en los tiempos.

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