¿Simbología numérica?

En todas las obras hay algún tipo de simbología que, aunque no se aprecie a simple vista, se puede hallar en lo más insólito del argumento. En ocasiones, es tanto el empeño que ponemos en interrelacionarlo todo que, el lector se percata de conceptos que van más allá de la intención de expresar de los autores, pero el logro por haber llegado a inhóspitas conclusiones, a menudo, nos hace sentir bien, nos reconforta darnos cuenta que hemos conseguido montar un puzle donde todas las piezas cuadran y que moverlas de sitio influye en el resultado final de nuestro esquema mental, que solo nosotros mismos somos capaces de entender y que, en cuanto lo explicamos a alguien, a medida que vamos avanzando en el discurso, nos damos cuenta de que no todo es tan perfecto y de que hay cosas que justo tres minutos antes cuadraban al milímetro y ahora nos parecen de lo más rocambolescas; pero lo peor es observar cómo se queda la cara del otro cuando hemos terminado nuestro discurso, cuando nos empeñamos en defender una idea que retumba en lo más hondo de nuestra mente, cuando buscamos tres pies al gato…

Precisamente el tres es un número que se ha instalado en mi subconsciente desde el inicio de mi lectura.

Tres son los personajes centrales de la obra: Pumuki, Romano y Mario. Todo el argumento que se va narrando gira alrededor de alguno de ellos o de los tres a la vez. Bajo cada uno de estos personajes se camuflan historias que, en ocasiones, se van entrelazando con otras.

Juntos forman parte de un grupo de música conocido como Sex & Love Addicts, cuyo nombre artístico contiene  tres conceptos  llenos de significado. Algo similar sucede con el título del libro: Lo verdadero es un momento de lo falso, donde también son tres los conceptos con significado pleno.

En sus experiencias personales también hay ecos de este número. Por ejemplo, al principio del libro, el autor nos cuenta que hace tres años que Pumuki y Romano fueron a París a visitar al padre de este último. Además, también Romano explica que sus padres se separaron cuando él no había cumplido aún los tres años.

Para encajar un poco  más con este argumento numérico, también hay que añadir la edad de Pumuki cuando se murió: eran tres los años que le faltaban para cumplir las tres décadas.

Sería absurdo obviar los triángulos amorosos constantes a lo largo de la obra: Olga, Iván y Cristina; Lola, Mario y Víctor; Laura, Leonardo y Marie; Romano, Valeria y Sonia; Romano, Pumuki y Valeria…

Algunas expresiones coloquiales ayudan a apoyar esta idea, es el caso de expresiones como pasarse tres pueblos o tener un resacón de tres pares de huevos.

En definitiva, en la mayor parte de las ocasiones estas ideas rozan la casualidad más que la intención de la propia autora en transmitirlas. De todas formas, lo que es evidente es que hay tres personajes masculinos con sus tres historias: el trío calavera, que es como en uno de los pasajes se definen.

Janina Martínez

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