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Análisis de las reflexiones de Mario y Romano: Posmodernismo e Hiperrealidad

Los capítulos en cursiva del libro muestran reflexiones en primera persona a través de la propia voz de los personajes. Desgranaremos aquí las ideas fundamentales de las reflexiones de Romano y Mario. De manera intercalada, en primer término, durante el soliloquio de Romano, que consta de nueve páginas insertadas dentro de la última entrevista en el pasaje, y que arranca en la página 381 hasta la 390.

También, señalaremos los conceptos fundamentales de Mario, en el capítulo en el que se expresa en primera persona, sobre todo en la parte final, las páginas 164 y165. A partir de estas dos reflexiones, destacaremos los conceptos fundamentales del grupo –incluyendo también al otro miembro ausente, pero que justifica el libro, el protagonista, Pumuky—además de enmarcar todos estos conceptos teóricos filosóficos dentro de la obra.

En la primera parte de la reflexión de Romano, parte del último capítulo del libro, el personaje en cuestión va introduciendo, como ya lo ha hecho anteriormente su amigo Mario, los conceptos que hilvanan su pensamiento común, formado por conceptos como la hiperrealidad de autores tan relevantes como Baudrillard, Foucault, Umberto Eco o Guy Debord.

En primer lugar, Romano inicia su intervención hablando a viva voz, y de manera supuestamente desordenada, a través de un estilo que intenta imitar la expresión oral presentada de manera improvisada, tal y como proviene del flujo del pensamiento. Sin embargo, dado que nos encontramos ante una obra literaria, suponemos de antemano que el discurso ha sido diseñado y premeditado por la autora, quien ha pretendido introducir los elementos clave de su pensamiento difundidos por entre los testimonios directos que se intercalan a lo largo del texto junto a los capítulos de un narrador más tradicional, omnisciente y en tercera persona.

El texto comienza con una reflexión del propio Romano del accidente aéreo de Barajas ocurrido en 2008, y este es el primer motivo para que él introduzca la tesis que sustenta la primera parte de su disertación de este último capítulo. De este motivo salta a una de las palabras clave: “la historia del puto avión ya pertenecí a la hiperrealidad, ya era más real que lo real, los espectadores, los oyentes, los internautas sentían más cercano el accidente que los problemas de su vecino o su compañero de trabajo”.

Esta idea se sucede de otra íntimamente relacionada: “Imagínese que los medios nos dieran la chapa una semana entera, veinticuatro horas al día, con la contaminación” aludiendo al poder que tienen los medios a la hora de elaborar las agendas de actualidad, las noticias relevantes, lo que consideramos importante y lo que no, en nuestra sociedad.

“Pues al cabo de una semana la gente se pensaría un ratito lo de coger el coche, digo yo”. Esta deducción forma parte de las tesis formuladas por los pensadores ya presentados: el concepto de hiperrealidad se va desarrollando a lo largo de su charla, donde todas las ideas y ejemplos se organizan con el propósito de demostrar la influencia que poseen los medios de comunicación en nuestra realidad, producto consecuencia de la realidad conocida de primera mano por nosotros, por un lado; y de aquello que trazan los medios de comunicación y que configura nuestro conocimiento del mundo.

Con esta cita: “A eso se refería Baudrillard cuando hablaba de la hiperrealidad, a que los medios construyen una realidad que es más real que la realidad”, el personaje alude directamente al autor del que ha leído la reflexión. Esta clara alusión configura junto a otras referencias desgranadas a lo largo de toda la novela (como esta, que muestra la influencia del escritor en palabras de la madrastra de Mario, Lola: “es verdad que estaba obsesionado con ese escritor, cómo se llama…Debord, Guy Debord”.) un corpus teórico fundamental sobre el pensamiento del grupo de amigos, de sus ideas y creencias.

También, esta base filosófica alimenta la conciencia rebelde y revolucionaria de la que los personajes hacen gala, y a la que acaban renunciando debido a un sistema permeable que les acaba por absorber, comercializando su imagen a cambio de reconocimiento y éxito musical, que ellos mismos reconocen, en palabras de Romano: “Se supone que nosotros intentábamos […] alimentar la capacidad crítica, cuestionar los fondos, las formas y hasta lo incuestionable. Pero es difícil y resulta agotador. […] Al final, nos traicionamos a nosotros mismos. Pero eso estaba cantado”.

Todas estas citas tan claras muestran las costuras filosóficas de un texto que quiere evidenciar las influencias ideológicas de un grupo juvenil (como la alusión al anarquismo posmoderno, y a los posestructuralistas, como corrientes filosóficas actuales e influyentes) a través de un discurso sencillo –y en ocasiones, algo maniqueo—que pretende reflejar el modo en el que se expresan los jóvenes, con un lenguaje coloquial, ágil, y en ocasiones vulgar.

Con todo, el conjunto de amigos queda retratado como fruto de una época reciente, un grupo de jóvenes concienciados, y aparentemente cultos y leídos, que manifiestan su mensaje radical (“Pero es no le interesa al sistema, porque hay que vender coches. […] “La imagen de los medios tiene que ser de consumo rápido, desechable, y por lo tanto confortable”) contra el sistema establecido, una queja acerca del uso de la potente influencia que ejercen los medios de comunicación de masas sobre la audiencia en función de los intereses de aquellos que están en el poder: “Decía Steiner, creo, que lo que no se nombra no existe. Pero eso ha cambiado. Y ahora es: o que no se ve en la tele no existe. […] Y demostró que son los medios los que crean la opinión pública desde la hiperrealidad, que no es más que un puto simulacro”.

El ejemplo que ofrece resulta esclarecedor: compara los hechos de la guerra de Irak con la tragedia del 11 de septiembre, y añade: “en la hiperrealidad el 11 de septiembre fue mucho muchísimo más dramática y espectacular que la invasión de Irak, que en realidad fue […] muchísimo más chunga”. En la misma dirección, el discurso de Mario incluye la frase de Debord que da título al libro: “Hay una frase de Debord que dice que lo verdadero es un momento de lo falso. Se refería a los medios de comunicación, que a partir de la verdad construyen la mentira. Usted puede ver en televisión imágenes verdaderas que conforman, a la postre, un discurso falso”.

La crítica al poder de los medios de comunicación se sigue desarrollando en las páginas siguientes: “la alienación y el atontamiento” que provoca la televisión y su “capacidad hipnótica” o “los medios en general destruyen la capacidad de pensar de forma abstracta” son conceptos que pertenecen a un discurso casi continuo, aunque se exprese mediante personajes diferentes. Y aparecen concatenados en el trasfondo político de sus reflexiones: así el sistema consigue lo que se quiere: la participación irreflexiva”, refiriéndose también a que los medios también fijan los modelos de belleza, entre otras cosas: “Y las chicas creen más en el mundo hiperreal que en el real, se fijan en las modelos […] y así se ven gordas”.

Al poco, la reflexión de Romano llega al punto culminante, ese en el que sitúa a su amigo Pumuky (que, casualmente, se llamaba en realidad Guy, como el pensador), parte central de la obra, en el universo hiperreal de sus fans, que sin conocer personalmente a la persona de Pumuky, lloraban por él y llenaban de flores su tumba. En esta última idea, añade el concepto de la realidad común: un conjunto de creencias que comparte un conjunto de individuos que necesitamos como sociedad y a la que nos referimos continuamente. Todas estas historias, filtradas por los medios de comunicación, constituyen un mundo colectivo, definido por aquellos que tienen el poder de hacerlo, cohesionado, sólido y que favorece, como opinaron en su día los funcionalistas, el status quo.

Paralelamente, Mario señala en un discurso de cariz más formal, más teórico, dada su supuesta formación y sus intereses políticos, lo que Romano alude, en ocasiones, en alguna cita, incluyendo palabras que formarían parte de su tesis doctoral: “la burbuja digital, producida por los medios, la que forja los imaginarios sociales”. En este sentido, “el espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes. Todo lo que antes se vivía directamente, se aleja ahora en una representación”.

Por último, cabe destacar el soliloquio de Romano que acaba por desvelar la identidad –y los propósitos—del interlocutor, que no se manifiesta, pero que sabemos que está ahí, como receptor de la información que le van proporcionando los personajes a lo largo de la obra.

En este sentido, este receptor pretende escribir un libro sobre el personaje fallecido de Pumuky, y Romano le cuenta que el personaje del que va a hablar a partir de las conversaciones con todos los personajes del libro, no será el Pumuky real, igual que tampoco lo es el Pumuky por el que lloran todos aquellos que no lo conocieron. La persona ha sobrevenido símbolo, parte de un mundo hiperreal configurado por los medios de comunicación, y las ideas de él que se quieran remarcar: por ejemplo, si la hipotética obra que va a escribir el interlocutor paciente del libro se escribiera, estaría sujeta a la intención comunicativa que el autor o autora quisiera resaltar, porque “había muchos Pumukys y usted no va a atraparlos a todos en un libro”, como dice Romano.

Asimismo, este elemento disgregado también está expresado por Mario: “Cada cual le va a contar su verdad, trozos de su verdad, pero cuando junte todos esos trozos, como retales que forman una colcha, inevitablemente se encontrará con una historia falsa, o, como mucho, con algo que se parezca tanto a la realidad como un retrato en mosaico a la imagen original”. Esta comparación del retrato al mosaico está relacionada íntimamente con una propiedad del posmodernismo, y representada simbólicamente con la expresión “su verdad”: que fragmenta la realidad unívoca, la verdad única en partes de un mosaico infinito, compuesto de percepciones personales que son consideradas como “verdad”. Esta concepción forma parte de este reciente movimiento cultural y se contrapone directamente con la noción de verdad objetiva que existía anteriormente a la corriente cultural del posmodernismo y que no tenía en cuenta valoraciones personales como parte del conocimiento verdadero.

Así que el concepto común, que forma parte del imaginario colectivo, estará diseñado por las pinceladas de su persona que destaquen los medios de comunicación: desde la noticia de su muerte, hasta su biografía –donde quedará retratado una parte de la personalidad de Pumuky—pasando por los beneficios de la empresa Esfinge, que probablemente intentará explotar los derechos de imagen de un cantante fallecido prematuramente, aprovechando su tirón de ventas y convirtiéndolo en un símbolo comercial y rentable—una persona que ha acontecido personaje, al igual que el Che Guevara o Kurt Cobain—de un grupo de personas que adoran la música del grupo, y en especial, la idea espuria de una persona que ha traspasado su existencia para representar ciertos valores.

Luis Alberto Moral Pérez

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