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Violaciones de las máximas de Grice en Lo verdadero es un momento de lo falso, de Lucía Etxebarria

Cuando se produce el acto comunicativo, suele haber una diferencia notable entre lo que se dice y lo que se comunica. Grice habla de la existencia de unas normas, que conocen tanto el hablante como el oyente y que guían la conversación, llamadas implicaturas. Este tipo de inferencias están ligadas a las máximas conversacionales de cantidad, calidad, pertinencia y manera, y obedecen a un Principio Cooperativo que los seres humanos tenemos en cuenta en el intercambio de información. Es importante tener en cuenta que las máximas transmiten implicaturas tanto cuando se respetan como cuando se transgreden.

A partir de esta teoría, hemos analizado algunos casos en los que se incumplen las máximas para ver por qué se ocasionan y los efectos que producen en los diálogos entre los personajes de la novela Lo verdadero es un momento de lo falso, de Lucía Etxebarria.

Ejemplo I (pág. 41)

A: Yo voy a un concierto.

B: Y los demás, ¿no viajan contigo?

A: Han salido en furgoneta esta mañana…

En este ejemplo, se viola la máxima de pertinencia porque no hace las contribuciones pertinentes, es decir, en lugar de dar una respuesta directa a la pregunta “¿No viajan contigo?” (cuya respuesta sería “no”), A prefiere dar una información aparentemente irrelevante para la respuesta (“han salido en furgoneta esta mañana”), pero mediante la cual B entenderá que, efectivamente, no viajan con él.

Ejemplo II (pág. 42)

A: Huy, mira, están embarcando. Oye, ¿qué número de asiento tienes? […]

B: 4 A. Ventanilla.

A: 25 C. Pasillo… […] Vaya, qué pena.

En este caso, en primer lugar, la máxima que se viola es la de manera, puesto que A, que pretende sentarse al lado de B, en lugar de formular una pregunta clara y directa, muestra interés por el número de asiento de B. En segundo lugar, A, sin que B se lo haya preguntado, le da la información del número de su asiento, violando así la máxima de cantidad, puesto que hace su contribución más informativa de lo requerido, aporta datos que no le han sido solicitados. Y, en tercer lugar, A viola la máxima de la pertinencia añadiendo «Vaya, qué pena», una aportación irrelevante para la conversación, pero gracias a la cual B llega a comprender el propósito inicial de A.

Ejemplo III (pág. 47)

A: Oye, esta noche te quedas en Barcelona, ¿no?

B: Pues no había pensado… Casi seguro me vuelvo en el último puente aéreo.

A: Tía, por favor, quédate y ven a vernos tocar.

En este caso, B, para no violar la máxima de calidad porque no sabe dar una respuesta concreta a lo que se le pregunta, viola otras máximas: la de manera, porque no proporciona una respuesta clara y concisa, y la de cantidad, porque ofrece más información de la que se le ha solicitado. Por otro lado, la intervención de A no es una pregunta por definición, sino una afirmación resultado de una suposición suya (da por hecho que B se va a quedar en Barcelona); B desea que A no se vaya, lo cual quedará reforzado en la súplica final.

Ejemplo IV (pág. 70)

A: Si me quedo esta noche, ¿me harás un favor?

B: Pide por esa boquita.

A la pregunta total de A, B no contesta de manera adecuada (es decir, con “sí/no”) y viola la máxima de manera porque no es claro con su respuesta. En realidad, con “Pide por esa boquita” está dando a entender que la contestación a la petición de A es afirmativa, pero no lo dice en ningún momento.

Ejemplo V (pág. 93)

A: ¿Nos vamos a comer a la playa?

B: Podemos comer si quieres, pero yo tengo que llegar a casa pronto. Mañana tengo muchísimo trabajo…

A: Entonces mejor no vayamos a la playa.

B viola la máxima de manera, ya que, para dar una respuesta negativa a la pregunta de A, hace un rodeo para evitar contestarle directamente. Además, al aportar todos los datos que le sirven de excusa, B viola la máxima de cantidad, puesto que da más información de la requerida. Con estas violaciones, sin embargo, A entiende claramente que la respuesta de B es «no».

Ejemplo VI (pág. 107)

A: ¿Quieres…?, ¿quieres que… te devuelva el favor?

B: No ha sido ningún favor.

A formula una pregunta total a B, que tendría que haber respondido con “sí” o “no”. Al no hacerlo ha violado la máxima de cantidad, porque da una información extra, y la de pertinencia, porque el comentario no era relevante. Además, B no contesta ni siquiera indirectamente a la pregunta, sino al término “favor” utilizado por A, recurriendo a una implicatura para darle a entender que la acción llevada a cabo no la considera como tal.

Ejemplo VII (pág. 137)

A: ¿Romano no va?

B: Bueno, se ha sacado una novia nueva, una chica guapísima. Modelo, creo. Y no salimos mucho con él últimamente, está siempre con ella.

B viola la máxima de cantidad porque da más información de la requerida, dando vueltas para exponer las razones de una respuesta que no facilita, pero que se entiende por esas mismas explicaciones. Además, infringe la máxima de manera porque se explaya en su parlamento sin ser claro del todo y nada ordenado.

Ejemplo VIII (pág. 140)

A: ¿Nos vamos a la sala Sol? Tú has dicho que todavía está abierta.

B: Pero son las tres y tú tienes que trabajar mañana.

Vemos un caso muy parecido al del ejemplo V, en el que, para no ser descortés rechazando una invitación, B viola la máxima de manera no siendo ni breve ni claro, la de cantidad porque dice más cosas de las que se le han preguntado, y la de pertinencia porque contesta con evasivas no convenientes, ya que no le incumben a él.

Ejemplo IX (pág. 140-141)

A: ¿Dónde he aparcado mi coche?

B: Pero tú no estás en condiciones de conducir, no sé siquiera si de encontrarlo…

En este ejemplo, A formula una pregunta que podríamos intuir retórica: no sabe dónde ha aparcado su coche e intenta recordarlo. Pero, de todas maneras, B no contesta a esa pregunta, sino que hace una reflexión a partir de ella, quebrantando así las cuatro máximas, ya que da más información que la que se le solicita (cantidad), acusando a A de algo de lo que no tiene pruebas suficientes (calidad), haciendo una contribución irrelevante para el propósito de la comunicación (pertinencia) y siendo ambiguo en su respuesta (manera). Con todo ello intenta expresarle a A que da igual dónde esté el coche porque no debería conducirlo.

 

Ejemplo X (pág. 142)

A: No estarás intentando ligarte a la mujer de mi padre, ¿no?

B: Mario, coño, no seas malpensado…

A la pregunta de A, B contesta con una evasiva. Viola la máxima de cantidad porque da una información que no se le ha demandado, y la de manera porque no es claro en su explicación, con la respuesta cae, quizá de forma intencionada, en la ambigüedad: no dice ni que sí ni que no, solo que no piense mal de él.

Ejemplo XI (pág. 243)

A: Por cierto, me llamo Sabina. Sabina Ragès.

B: Mara.

B interviene en la conversación para proporcionar una información que no se le ha solicitado, con lo cual incumple la máxima de cantidad. En este caso, su contribución en el diálogo es pertinente atendiendo a las fórmulas de cortesía: A le ha dicho su nombre y B colabora dando a conocer el suyo.

Ejemplo XII (pág. 250)

A: ¿Dé donde has sacado esto?

B: Me lo regaló una amiga.

A: ¿Qué amiga? ¿La baronesa Thyssen?

B: ¿Tan caro es?

B, a la pregunta de A “¿qué amiga? ¿la baronesa Thyssen?”, contesta con otra pregunta. La intervención de A es irónica: A piensa que el regalo es muy caro y que solo una persona con un poder adquisitivo elevado puede costearlo; B reacciona con una pregunta para verificar si ha entendido correctamente la ironía y el propósito profundo del mensaje que le quería hacer llegar A. Está violando la máxima de cantidad porque no contesta dando la información que en principio se le requiere.

Ejemplo XIII (pág. 252)

A: ¿Y confías en la persona que te lo ha regalado?

B: Pues… No la conozco mucho, la verdad.

A formula una pregunta a B y este no contesta de la manera apropiada, sino que hace una reflexión a partir de la cuestión de A. Está violando la máxima de cantidad, porque aporta una información extra, y la de manera, ya que no es claro en su respuesta. B lo hace de esta forma porque no está seguro de la respuesta adecuada (no sabe si fiarse porque no conoce mucho a la persona que le ha hecho el regalo).

Conclusión

El libro entero es una violación de las máximas. Como punto de partida, podemos decir que la autora, al escribir un relato de ficción, está quebrantando la máxima de calidad, ya que nada de lo que aparece contenido en él es verdadero. Los personajes de la obra están continuamente faltando a todas las máximas: hablan de asuntos irrelevantes, divagan, son ambiguos, desordenados en sus discursos, se recrean en las explicaciones, hacen alusión a sospechas e intuiciones, dicen mentiras, cuentan anécdotas innecesarias para el propósito de la novela, etcétera. La autora plasma las relaciones de un grupo de gente más o menos normal con una historia verosímil y, por tanto, con todos estos recursos, quiere hacernos acercarnos a la novela recreando por escrito los diálogos y monólogos de los personajes tal y como se darían en la vida real.

El uso de las implicaturas estándar y de la explotación de las máximas es de gran utilidad en las obras literarias cuando estas quieren dar apuntes de realidad, ya que en la vida real utilizamos estos procedimientos constantemente sin ser conscientes de ello.

Paloma Brunet Castell

Félix Pérez González

Macarena Pérez Paz

Rebeca Ramírez Pérez

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